Violeta

Las violetas siempre fueron las flores preferidas de la Madre Luisa, sentía una debilidad especial por esta pequeña flor. El tema principal en esta poesía es la humildad. Sí, la humildad de un alma, que sintiéndose en la plenitud de sus valores, al contemplar la pasión en todo su rigor, queda herida de amor y de dolor. Desarrolla en estos versos  el dolor de la Virgen Madre para, a través de ella, describir con todo lujo de detalles, el tremendo sufrimiento del Nazareno.
Quizás en esta pequeña flor, la Madre Luisa, vio reflejada su vida. Una vida llena ilusiones, afanes, sueños… que ante el drama de la pasión quedó olvidada, escondida, en constante contemplación de su Divino Señor.
Poesía declamada por Carmen Feito.

A Jesús Nazareno

Esta poesía la compuso la Madre en los últimos años de su vida, en 2015, estaba ciega y las manos las tenía deformadas. La compuso de cabeza y luego la dictó.
La primera estrofa es un dulce dialogo entre dos enamorados, que hablan en intimidad. Ella le dice al Amado que solo tiene paz y calma si Él está a su lado, seguidamente le va contando cómo se siente culpable de no haber realizado bien el encargo que Él le dio. Pero todo esto sin turbación, algo así como quien tiene la cabeza reclinada en el pecho del Amado y le va contando sus penas e inquietudes, pero con mucha paz y calma.
No le dice: Yo he cuidado a muchas personas desamparadas, he dado de comer, he visitado a los enfermos, he vivido para los demás. No, no dice eso, no presume, solo cree que no lo ha hecho bien. 
Termina la poesía confesando sus pocas fuerzas pero que sostenida por su Amado triunfará el amor sobre todas las penas e inquietudes.

Declamada por Carmen Feito

Dolorosa

La Madre Luisa Sosa Fontenla expresa su dolor ante el inmenso sufrimiento de la Dolorosa en la Pasión de su Hijo. 

Poesía declamada por Carmen Feito

Nazareno

Poesía breve de la Madre Luisa Sosa Fontenla 

Declamada por Carmen Feito

Me visitaste, Señor

Poesía declamada por Carmen Feito Maeso.

Dolor

Poesía declamada por Carmen Feito Maeso.

Súplica

Descubrimos aquí a la Madre Luisa en el más alto grado de unión mística con su amado Jesús Nazareno:
"...Tienes finezas de amante,
de amante que vuelve loca.
Sella mi labio anhelante
con el beso de tu boca..."

Poesía declamada por Carmen Feito Maeso.

Súplica (II)

Poesía declamada por Carmen Feito Maeso.

Aspiraciones

La Madre Luisa se propone a sí misma subir el duro sendero del Monte Santo, dejar atrás todos los bienes del cielo y de la tierra, nada, ni eso, ni eso otro, no quieras tener algo en nada, etc., despojarse de todas las cosas y seguir la senda estrecha de los pocos sabios. Tiene siempre delante su pecado, pero se siente perdonada, y quiere llegar a la cima del monte donde solo mora la honra y gloria de Dios, en la paz y quietud del alma.

Declamada por Carmen Feito Maeso.

Sufrir

Poesía compuesta por la Madre Luisa en 2015, dos años antes de su muerte (con 99 años). Estaba la Madre muy enferma, cuando la compuso, y se puede decir, que en este momento, el sufrimiento había alcanzado el punto álgido en su vida, estaba completamente crucificada. Si comía, era un sufrimiento porque se atoraba, si dormía, no podía por las piernas inquietas y su artritis reumatoide, ciega completamente, todos los problemas de la casa, que seguían recayendo sobre ella, y un largo etc. Sí, le faltaban las fuerzas, pero no la voluntad de seguir hasta el final con la misión que el Señor le encomendó.

Poesía declamada por Carmen Feito Maeso.

Virgen del Mayor Dolor

Poesía declamada por Carmen Feito Maeso.

¡Señor, que vea! 

La Madre Luisa,  en su escrito sobre el origen de la Obra, cuenta cómo en una ocasión, a los principios de su andadura atendiendo a los enfermos, dejó de visitarlos. Ella, como el profeta Jonás, sentía el peso de la misión y huyó. El Señor mediante una visión, dolorosa para ella, la volvió a sí. La Madre siempre lloró este pequeño alejamiento cuando en sus escritos habla del pecado que cometió. Es siempre por este ¡¡su gran pecado!!. Pide al Señor la Madre Luisa ¡¡Señor qué vea!!, porque ha llegado a comprender que, en los designios de Dios, es tan importante la misión encomendada a cada uno, que el no corresponder a ésta, repercute sobre los demás.

Poesía declamada por Carmen Feito Maeso.

Caridad

En un arranque de intimidad escribe la Madre Luisa estos versos, mostrando el interior de su alma abrasada en amor de Dios que se derrama sobre los demás.

Testigo de la certeza de esta poesía es toda una vida de entrega total a Dios representado en los más necesitados. 

Leyéndola se entiende el grado de amor al Señor que la consumía, derramándose en los más indefensos, y todo desde el olvido de sí misma, porque el amor la impulsaba a darse incesantemente.

Poesía declamada por Carmen Feito Maeso.

Aprende

"Aprende a sufrir callando 
por más que sea tu vivir 
triste y amargo sufrir 
de aquel que te va matando..." 
En 1947 la Madre Luisa compuso esta poesía fruto de sus intensos dolores, los cuales siempre ofreció al Señor por la salvación de las almas.


Poesía declamada por Carmen Feito Maeso.

Ofrecimiento para una conversión

Poesía breve de la Madre Luisa Sosa Fontenla, en la que expresa la inmolación de su vida por la conversión de una persona que ella amaba mucho.
Declamada por Carmen Feito Maeso. 


Al niño Jesús

 Esta poesía con sabor a Navidad expresa tiernamente el profundo amor que la Madre tenía a su divino niño Jesús. 

Poesía declamada por Carmen Feito Maeso.

A mi madre

Esta tercera poesía la compuso la Madre Luisa después de muerta su madre, porque justo antes de morir Julia quiso decir algo a su hija, pero no pudo. Es el dolor hecho poesía, aceptado, pero no por eso menos sentido. 

Poesía declamada por Carmen Feito Maeso.

A mi padre

El contenido de esta poesía es una revelación que tuvo la Madre Luisa del Niño Jesús sobre la muerte de su padre. Es muy conmovedora, y refleja muy bien una de las constantes preocupaciones en la vida de la Madre, “la salvación de las almas”.

Luis siempre fue un padre bueno y cariñoso, y las personas que vivíamos al lado de la Madre Luisa sentíamos cariño hacia él. Su muerte supuso uno de los sufrimientos más grandes en la vida de la Madre y se percibe muy bien a lo largo de la poesía. Por otra parte, la imagen del Niño Jesús quedó impresa en su alma hasta el final de sus días.

OTRAS POESÍAS


QUIERO QUERERTE, SEÑOR

Quiero quererte, Señor,
como nadie te ha querido, 
mas tal prodigio de amor 
no me ha sido concedido 
y pienso que con razón, 
porque es soberbia en verdad 
querer un gran corazón 
sin pizquita de humildad. 

Yo te pido que me humilles, 
que te quiera con pasión 
pero que en mi alma brille 
la humildad de corazón. 
 
Nerva, 2015   

A UNA AMIGA

(A la H. Esperanza en su primera visita de enfermos) 

 

¿Sufriste ayer por tu hermano? 

¡Troca en gozo ese dolor! 
¿No viste que de la mano 
le llevaste hasta el Señor? 

¿No viste como el sufrir de 
tu alma enamorada 
fue comienzo del vivir 
de aquella otra abandonada? 

Tú te llegaste a aquel lecho, 
templo vivo del dolor, 
Tú encendiste en aquel pecho 
la lampara del amor. 

Ya ha florecido tu huerto, 
ya has recogido una flor; 
pronto llegarás al puerto 
donde la vida es amor. 

Bendito sea el dolor 
el sufrir hasta morir, 
porque el morir por amor 
es comenzar a vivir.                                                                                             
Diciembre 1.944 

Comentario a esta poesía:

Tierna exhortación a una hija espiritual que entra en el mundo del sufrimiento, en ese mundo en el que hay que aceptar el sufrimiento para poderlo sobrellevar.

Son dos claras ideas las que delinea en toda la poesía, anteponiendo el amor al dolor, trocando el sufrimiento en camino hacia el Señor. 

Utiliza expresiones muy bonitas, le dice: que en el alma abandonada del enfermo encendió la lámpara del amor, y así sigue desarrollando los versos hasta llegar a decir sufrir hasta morir por amor es llegar a vivir.

Y el testimonio de las que estamos representadas en esta Hermana es que nuestras vidas, en constante contacto con tantos lechos templos vivos del dolor, han sido muy gozosas vividas así, gracias a la Madre Luisa.

MIS SUFRIMIENTOS

¿Y dicen que no sufro? 
Si yo pudiera enseñar 
mi corazón destrozado 
pasmos habría de causar. 
¡Sufro, sufro yo terriblemente! 
pero es cuestión de opinión. 

Yo entiendo que el sufrimiento 
solo allá en el corazón 
tranquilo y abandonado 
de los demás, ha de estar; 
y a nadie, a nadie en el mundo 
se le debe demostrar. 

Y así el sufrimiento sube 
en alas de nuestra fe, 
pero el del que lo demuestra 
queda ante aquel que lo ve. 

Por eso mis sufrimientos 
sólo para mí serán. 
¿Que dicen que yo no sufro? 
¡Algún día lo verán! 
 
1947 

Sus padres:  Luis y Julia 


Era Luis el padre de la Madre Luisa de profesión practicante (enfermero). Poseía un talento y una memoria excepcionales. Su hija menor (Luisa) y algunos miembros más de la familia, heredaron de él estas cualidades. Aunque tenía un carácter muy fuerte, siempre fue un marido ejemplar y un padre muy bueno y cariñoso.
Julia era de carácter muy manso y muy sufrida. En plena juventud tuvo dolor de clavo (dolor muy intenso, por glaucoma) y le tuvieron que enuclear un ojo. Por el otro ojo que le quedó, tampoco veía. De esta manera tuvo seis hijos y hacía todas las cosas de la casa. Murió de cáncer de colón, con tal resignación que el cura dijo en su entierro que estaba seguro de que enterraba a una santa; también decía, en los últimos momentos, cuando la confesaba, que no encontraba materia de confesión. Y eso que en aquellos tiempos el cáncer no se trataba como ahora y los pacientes sufrían mucho.
Contaban sus hijas que, por las tardes, ellas se ponían a coser y Luis leía a Julia en voz alta novelas imitando la voz de los personajes de una manera muy peculiar y simpática y Julia disfrutaba de estos momentos compartiendo los sentimientos de los personajes. En aquellos tiempos llegó el cine sonoro a Nerva y todo el mundo se volcó. Julia le decía a Luis que fuera él también al cine, pero él le contestaba: “Tú no puedes verlo, yo no quiero conocerlo”.
Siempre han sido Luis y Julia unas personas muy queridas por todas las Hermanas de la Comunidad, que los consideran los abuelos de la Obra.

A MI MADRE (I)


Con mis versos yo he cantado
mis amores al Señor,
con mis versos yo he gozado
cantándolos a una flor.

Yo he cantado a la niñez,
he cantado a la belleza,
y también, más de una vez,
canté a la naturaleza.

Canté al padre que perdí
con mis canciones mejores.
Canté siempre que escribí
porque siempre escribí amores.

Y con tanto haber cantado
y haber cantado yo tanto
que con mi canto he llorado
y el canto enjugó mi llanto
nunca me atreví a llegar
a tus plantas madre mia,
jamás me atreví a encerrar
tu amor en mi poesía.

Mas ahora que veo tu vivir
alegrarse con mi canto
cantando voy a decir
cuanto te quiero, ¡ay cuanto!

Madre, mamá madrecita
madre que me diste el ser
madre del alma bendita
¡Bendita seas, mujer!

Desde mi infancia te miro
mamaita siempre triste
siempre en tu boca un suspiro
que no siempre recogiste.

Sufriste mucho, mamá
y ahora sigues sufriendo.
Mas no te apures, que está
en tanto el Señor tejiendo,
que se hace a mi fe visible,
una corona fulgente
de rosas inmarcesibles
que adorne tu blanca frente.

Mamá, ¡qué gloria la tuya!,
tu sufrir terminará.
Regocíjate, ¡aleluya!
tu cielo abierto está ya.

Mas todavía, Señor
déjala mucho a mi lado
déjame gozar su amor
el más grande que me has dado.

Y luego junto a los dos
un rincón resérvame.
Sí, con mis padres, oh Dios
en tus brazos llévame.

Noviembre 1.945


Esta poesía la compuso la Madre Luisa cuando su madre estaba muy enferma, con unos dolores terribles. Ella nos contaba que se acostaba con ella y le decía la poesía y su madre le contestaba “Hija qué cosas me dices”.
Ante esta enferma, que con los grandes dolores del cáncer solo emitía una pequeña queja, su hija derrochó toda la ternura y cariño que Dios le inspiró. Y de esta manera la preparaba y consolaba en sus últimos momentos.

A MI MADRE (II)

Escucha, mamá, un momento
yo sí tengo mucha pena.
Mas como tu sufrimiento
es debido a que eres buena,
esto es para mí un consuelo,
esto alivia mi sufrir,
que hay que arrebatar el cielo
muriendo para vivir.

Fíjate si no, mamá
en Jesús el Nazareno.
Su cuerpo llagado va
y es el cuerpo del Dios bueno.
Su cabeza, coronada
de espinas, mira sangrar;
y aquella Cruz tan pesada,
que ya no puede llevar,
sus benditos hombros hiere,
renovando con su peso
las heridas que le hiciere
aquel traidor con su beso.

Contempla mamá un instante
la imagen del Rey Divino.
Contempla y escucha amante
como te dice:”El camino
para llegar a la Vida
es camino de dolores.

Mas para curar tu herida
tengo bálsamo de amores.
Hoy te pido sufrimientos,
amarguras, desconsuelos.
Mas la vida es un momento
y a cambio te ofrezco un cielo”.

Por eso, mamá, mi pena
aunque es grande, nunca es tanta
porque sé que eres muy buena
más que buena: ¡que eres santa!

Diciembre 1.945

Esta segunda poesía a su madre moribunda sigue la misma línea de la primera es una catequesis para fortalecerla y animarla en los últimos momentos de su vida.

A MI MADRE (III)

Aquella triste mirada
tengo en el alma clavada
como un dardo de dolor.

Y aquella voz que al llamarme
también cual dardo al clavarse
grabó con fuego tu amor.

¡Oh, qué terrible momento
al que vuela el pensamiento
en constante obstinación...!

Aquella faz afligida,
aquel irse aquella vida
aún me arranca el corazón.

Que aunque intento desechar
sólo acierto a recordar
más y más a cada instante.

Pues mi salud quebrantada
saca fuerzas de su nada
para este amargor constante.

¡Madre, madrecita mía!
Tu mirada ¿qué decía
cuando a mi alma llegó?

¿Y qué decirme quisiste
cuando en mi nombre pusiste
valor que nunca valió?

¡Oh, Dios mío cuanta pena!
Mi madrecita tan buena
¿Por qué no podría hablar?
Y así saber yo podría
el sentir de su agonía
que no me acierto a explicar.

¡Santa mía de mi alma!
¿Por qué del cielo no calma
tu amor, mi intenso dolor?.

A veces creo morir
ante la idea de vivir
sin ti, mi mayor amor.

Mas no, no quiero consuelo
mientras esté acá en el suelo
habré de llorar por ti.

Y que al llegar a la Vida
madrecita mía querida
salgas tú misma a por mí.

Septiembre 1945

Esta tercera poesía la compuso la Madre Luisa después de muerta su madre, porque justo antes de morir Julia quiso decir algo a su hija, pero no pudo. Es el dolor hecho poesía, aceptado, pero no por eso menos sentido. 


 

Podcast de la Voz del Poeta: Carmen Feito Maeso recita poemas de la Madre Luisa Sosa

Pinchar aquí para oírlo:  http://www.eiberoamericaliteraria.com/download.php?type=1&o=424