A JESÚS NAZARENO

Nazareno de mi alma

vida de la vida mía 

solo encuentro paz y calma 

si estás a la vera mía.     

                 

El encargo que me hiciste 

no te lo ofrezco cumplido 

gracias para ello me diste 

pero caí en el olvido. 


Gracias que fueron grabadas 

dentro de mi corazón

y otras que fueron clavadas 

en lágrimas de perdón.   

                   

No siempre te obedecí   

hice lo que no debía   

y cuando me arrepentí 

hallé que me sonreías.   

Con esta Misericordia 

pienso que me envanecí  

y entre penas y discordias 

casi prescindí de ti.  

Vimos la obra crecer,  

gracias y bendiciones  

y la vimos decrecer  
por falta de vocaciones.


 

Fue esto tan duro, Señor, 

cuando me sentí culpable  

que me arraigó un dolor,  

un dolor inenarrable.  


No fui capaz de trazar  

de nuestra Obra el perfil  

pero te supe abrazar  

y hacerlo en forma servil.  

                   

Solo me queda, Señor,  

pedirte perdón llorando  

y decirte que el dolor  

que aún sigue en mi alma temblando  

es porque quieres, mi Amor,  

cumpla lo que me pediste  

y yo estoy de acuerdo Señor.  


Mas, si me ves algo triste, 

es que me siento incapaz, 

hasta me falta el valor. 

Si me cubres con tu paz 

al fin triunfará el amor. 


Nerva 2015 




Esta poesía la compuso la Madre en los últimos años de su vida, en 2015, estaba ciega y las manos las tenía deformadas. La compuso de cabeza y luego la dictó.

La primera estrofa es un dulce dialogo entre dos enamorados, que hablan en intimidad. Ella le dice al Amado que solo tiene paz y calma si Él está a su lado. Seguidamente le va contando cómo se siente culpable de no haber realizado bien el encargo que Él le dio. Pero todo esto sin turbación, algo así como quien tiene la cabeza reclinada en el pecho del Amado y le va contando sus penas e inquietudes, pero con mucha paz y calma.

No le dice: Yo he cuidado a muchas personas desamparadas, he dado de comer, he visitado a los enfermos, he vivido para los demás. No, no dice eso, no presume, solo cree que no lo ha hecho bien. 

Termina la poesía confesando sus pocas fuerzas, pero que sostenida por su Amado triunfará el amor sobre todas las penas e inquietudes.

 VIOLETA 

 

¡Violeta!… flor preciosa y delicada, 
la más dulce y perfumada 
que el Sumo Hacedor creó.
 
Ropaje morado vistes 
como la túnica triste 
del Divino Redentor. 

Tal vez orgullosa flor 
fueras de gran lozanía 
cuando viste a María, 
la Madre del Redentor, 
llorar con otras Marías, 
el cruelísimo dolor 
y la mortal agonía 
del Dios, Hijo de su amor. 

Viendo el dolor de la Madre, 
miraste al Hijo Divino, 
y viste que en gran desatino 
conducían al Nazareno 
de afrentas, de heridas lleno 
bajo el peso de la Cruz. 

Y que entre tanta vileza, 
escondía su grandeza, 
bajo túnica morada, 
y con la frente inclinada 
el dulcísimo Jesús. 
 

Ante espectaculo tal 
confundiose tu arrogancia 
y envidiaste la fragancia 
que el Rey Eterno inmortal 
a su paso va exhalando 
mientras mira suspirando 
tristemente y perdonando 
al que es causa de su mal. 

Por un milagro divino 
de pronto te convertiste 
en flor escondida y triste 
que perfumando el camino 
ocultando siempre vas 
ruborosa tu belleza, 
tu perfume y gentileza 
entre todas las demás. 

Violeta… violetita deliciosa 
que ni la flor más hermosa 
se te puede comparar, 
ni el perfume de la rosa 
te ha llegado a superar. 

Yo quiero ver en tus pétalos, 
de un morado muy subido, 
impreso el dulce gemido 
que exhalara el buen Jesús 
cuando pasó por tu lado 
con todo el cuerpo llagado 
bajo el peso de la Cruz. 
 

Comentario a esta poesía:

Las violetas siempre fueron las flores preferidas de la Madre Luisa, sentía una debilidad especial por esta pequeña flor. 

Esta poesía  la compuso en 1945 y nunca la olvidó, la sabía de memoria siempre la recordaba en sus más mínimos detalles.

El tema principal en esta poesía es la humildad. Sí, la humildad de un alma que, sintiéndose en la plenitud de sus valores, al contemplar la pasión en todo su rigor, queda herida de amor y de dolor. 

Desarrolla en estos versos  el dolor de la Virgen Madre para, a través de ella, describir con todo lujo de detalles el tremendo sufrimiento del Nazareno.

Quizás en esta pequeña flor, la Madre Luisa, vio reflejada su vida. Una vida llena ilusiones, afanes, sueños… que ante el drama de la pasión quedó olvidada, escondida, en constante contemplación de su Divino Señor.

DOLOR

Dolor, mi amigo dolor, 
pasa de largo esta vez. 
Yo sé que ha dicho el Señor 
que eres, de amor, signo y prez. 

Mas yo hay veces que no puedo 
resistir más tu rigor, 
veces que me causas miedo, 
miedo me causas, dolor. 

Miedo porque eres muy fuerte, 
y cuando haces presa en quien 
le atormentas de tal suerte 
que hay que decirte ¡detén! 

Detén tu ira, dolor, 
no me asedies, que me aplano; 
yo no te guardo rencor,
mas alza de mí tu mano. 

Esto cantaba yo un día 
en que el dolor me agobió, 
mas pronto mi cobardía 
en sonrojo me cubrió,
bastome solo un momento 
¡aún lo recuerdo y me apeno!.


Contemplé el duro tormento 
del Divino Nazareno, 
miré la faz afligida 
de la Reina de los Cielos; 
miré la tierra teñida 
de la sangre y los anhelos 
de tanto mártir de Cristo… 
y quedó mi alma anegada 
en un mar de confusión. 
La sangre quedome helada, 
yerto estaba el corazón. 

¡Mi Dios, sufrir y morir! 
¡Sufrir mi Madre querida! 
Y aún pretender yo vivir 
una regalada vida? 
¡Oh, Señor del alma mía! 
¡Oh, Madre de pecadores! 

Perdonad mi cobardía 
colmándome de dolores. 
Quiero dolor, quiero cruz 
que es igual cruz y dolor. 
Quiero bañarme en tu luz, 
quiero abrasarme en tu ardor. 
Y si por llegar a Ti 
hay que sufrir con rigor 
nunca te apiades de mí 
y hazme morir de dolor.                                 

1.944 

CARIDAD

¿Qué es esto, Dios de Bondad, 
que siento en el alma mía? 
Esto que anhela y ansía… 
¿es esto la caridad?

¡Esto que me lleva en pos 
del hermano que padece 
que el corazón me estremece
viéndote en el pobre, oh Dios! 

Que cuando el enfermo gime 
quiero calmar su dolor. 
Que por todos siento amor. 
¿Qué es esto Dios mío?¡Dime! 

¿Es esto la caridad? 
¿Esto que anhela y consuela 
al pensar que el alma vuela 
camino de la Verdad? 

Oh Señor, tú me la diste
y es mi tesoro mejor 
porque es regalo de amor 
el regalo que me hiciste. 

Amor, amor siento yo. 
Amor que me enciende el pecho 
y el corazón me ha deshecho 
¡Bendito el que me lo dio! 
 
21-03-47 

Comentario a esta poesía:
 
En un arranque de intimidad escribe la Madre Luisa estos versos, mostrando el interior de su alma abrasada en amor de Dios que se derrama sobre los demás.

Testigo de la certeza de esta poesía es toda una vida de entrega total a Dios representado en los más necesitados. Leyéndola se entiende el grado de amor al Señor que la consumía, derramándose en los más indefensos, y todo desde el olvido de sí misma, porque el amor la impulsaba a darse incesantemente.

ASPIRACIONES

 

Yo quiero subir al monte, 
monte de la soledad, 
lejos del fasto del mundo 
y cerca de la Verdad. 

Allí domar mis pasiones, 
recogerme a lo interior 
y desnuda el alma mía 
oír la voz del Señor. 

Oír. Y a su arrullo suave 
ir creciendo en perfección 
y volver después al mundo 
limpio y puro el corazón. 

 Volver dispuesta a sufrir 
lo que debo por mi vida 
llena solo de pecados 
que mi mente nunca olvida. 

Pequé, Señor, pequé mucho, 
bien lo sé, y más me arrepiento. 
Limpia mi alma, oh Jesús, 
a fuerza de sufrimiento. 

Perdóname, Dios Eterno 
y déjame vivir en tanto 
queden culpas en mi alma 
y en mis ojos quede llanto. 
 
Valdelama 1.946 
 

Comentario a esta poesía:

La Madre Luisa se propone a sí misma subir el duro sendero del Monte Santo, dejar atrás todos los bienes del cielo y de la tierra, nada, ni eso, ni eso otro, no quieras tener algo en nada., etc. Ese despojarse de todas las cosas y seguir la senda estrecha de los pocos sabios que en el mundo han sido.

Como el Real Profeta, tiene siempre delante su pecado, no le asusta, se siente perdonada, y  quiere  llegar a la cima del monte donde solo mora la honra y gloria de Dios, en la paz y quietud del alma.

AL NIÑO JESÚS 

¡Cómo me atrevo, mi Niño, 
a llegarme hasta tu cuna! 
solo me empuja el cariño,
no existe razón alguna. 

Te contemplo envuelto en luz 
radiante y lleno de vida 
y me olvido de la Cruz 
¡aquella Cruz tan querida! 

Mas cuando pienso, mi rey, 
que esa Cruz que tanto quiero 
ha de ser tu Yugo y Ley, 
¡oh Dulcísimo Lucero! 

Es que no puedo entender 
que esa carita de lirio 
pueda palidecer 
a causa de tu martirio 
y sin embargo ha de ser. 

Yo se, mi Niño Divino, 
que siendo para padecer 
tú no recortas camino.
 
Y como la culpa es mía 
me arrepiento de verdad, 
pido consuelo a María 
y envuelta en su caridad, 
sólo me atrevo a decir 
que mi amor es tan sincero
que no podría vivir 
sin decir ¡Niño, te quiero! 
 
Nerva 2015  

Dolorosa de mi vida, 
blanco amor de mis amores: 
Heme aquí ante ti rendida 
recordando tus dolores. 

Dolor, el mayor dolor,
el ver entre malhechores 
a Jesús, mi Redentor 
que va prodigando amores. 

Y luego junto a la Cruz 
perdonando los pecados, 
los ojos casi sin luz, 
los huesos descoyuntados. 

Cuando ponen a mi Cristo 
en tu sublime regazo 
¡Quien pudiera haberte visto 
cómo extendías los brazos! 

Y... es que no puedo seguir 
pues son tantos tus Dolores 
que prefiero diluir 
tu dolor en mis amores. 

Y al fin, mi noble Señora, 
enhiesta ante tu amor 
no me olvides en la hora 
de mi último dolor. 
 
Nerva 2015 

¡ME VISITASTE, SEÑOR!

Cuando menos lo esperaba 
me visitaste, Señor, 
con aquel dolor agudo 
prendado de puro amor. 

Y como vi en su agudeza 
tu visita celestial 
te pedí con entereza 
que aumentaras más mi mal. 

Que aumentara, aún era poco, 
más podía resistir,
que aunque el dolor era inmenso 
no me hacía sucumbir. 

Y en el momento en que fuerte 
mis sentidos trastornó
y decaía mi ánimo 
y faltábame el vigor 


sentí que sobre mi frente, 
llena de frío y sudor, 
pusiste tu mano ardiente 
incendiandome en tu amor. 

Señor, te dije, ya puedo 
resistir cuanto Tú quieras 
mándame más, que yo quiero 
morir, si quieres que muera, 
pero morir de dolor 
sin un momento de calma. 
Quiero ver limpia mi alma, 
¡purifícame, Señor!                          

Febrero del 45 
 

Dulce Jesús Nazareno, 
yo te quisiera cantar 
y sufro y lloro y me apeno 
al no poderlo lograr. 

¿Y a qué esta cobardía 
que jamás había tenido 
al hacer una poesía 
que siempre lleva sentido? 

Yo se que es triste mirarte 
entre caras descompuestas 
que gozan al contemplarte 
llevando la Cruz a cuestas. 

Mas nada de acobardarme, 
siempre pedí con unción 
nunca Jesús olvidarme 
de aquella negra traición. 

¡Cuánto te hicimos sufrir 
mi Divino Corazón! 
¿Cómo podemos vivir 
arrastrando este baldón? 

¡Qué vergüenza, qué sonrojo 
siento en mi alma dolorida 
cuando, postrada de hinojos, 
vengo a ofrendarte mi vida!

¡Perdón te pido humillada 
y si no basta mi llanto 
viviré crucificada 
con mi Nazareno Santo! 
 
Nerva 2015 

QUIERO QUERERTE, SEÑOR

Quiero quererte, Señor,
como nadie te ha querido, 
mas tal prodigio de amor 
no me ha sido concedido 
y pienso que con razón, 
porque es soberbia en verdad 
querer un gran corazón 
sin pizquita de humildad. 

Yo te pido que me humilles, 
que te quiera con pasión 
pero que en mi alma brille 
la humildad de corazón. 
 
Nerva, 2015   

VIRGEN DEL MAYOR DOLOR

Virgen del Mayor Dolor 
yo no podría olvidar 
tus desvelos y el amor 
de venirme a consolar. 
 
Yo temblaba de dolor 
y más de arrepentimiento 
me pusiste ante el Señor 
que vio mi remordimiento. 
 
El Señor te miró a ti 
y en aras de tu belleza 
se compadeció de mí 
y perdonó mi vileza. 
 
Madrecita de mi vida 
yo te quiero con pasión 
que así curaste la herida 
que ardía en mi corazón. 
 
Nerva 2015 

Aprende a sufrir callando 
por más que sea tu vivir 
triste y amargo sufrir 
de aquel que te va matando,
bien porque el alma tortura 
el cuerpo punza incansable 
con fiera saña insaciable 
llenándote de amargura. 

Tu no te quejes jamás, 
que es de los santos tributo 
sufrir, y a cada minuto 
pedir sufrimiento más. 

¡Oh! Si pudieras mejor 
que callarte, sonreír             
abiertamente reír 
cuando es más fuerte el dolor 

¡Qué dicha sin fin sería! 
presagio de santidad
plena y dulce libertad 
del alma que se impondría 
al cuerpo con su flaqueza 
sabiéndolo conducir 
al gozo, por el sufrir 
con heroica fortaleza. 
 
20-08-47  
 

¡Oh Señor, ten compasión! 
Calma en mi pecho el latir 
de este loco corazón 
que se muere por morir. 

Calma, que le falta vida. 
no puedo tanto gozar. 
Oh Señor, que estoy herida, 
herida de tanto amar. 

Tienes finezas de amante 
de amante que vuelve loca. 
Sella mi labio anhelante 
con el beso de tu boca. 

Que ya ha pasado el invierno 
y ya las lluvias cesaron; 
ya se acerca el Eterno, 
ya mis ansias terminaron. 

Ya vienes a visitarme, 
ya vienes a mí, Señor
ya vienes para colmarme 
de delicias y de amor. 

Mas templa este ardor que brota 
del profundo de mi ser, 
allá de la fuente ignota 
que alimenta tu querer. 

Y si no quieres que muera, 
si es que tengo que vivir, 
si he de seguir en espera 
aumenta más mi sufrir. 
 
 

Virgen Gloriosa y Bendita 
compadécete de mi 
soy aquella pobrecita 
que viene llorando a ti. 

Lloro por mi gran dolor, 
lloro mi fragilidad 
y lloro porque el Señor 
perdone mi debilidad. 

Lloro Virgen Bendita, 
Bendita en tu Caridad 
que siendo yo una pobrecita 
me envuelves en tu Bondad. 

Y lloro porque querría 
ser más fuerte ante el dolor, 
mas me llevo la alegría 
de que así me acepta el Señor 
 
Nerva 2015 

A UNA AMIGA

(A la H. Esperanza en su primera visita de enfermos) 

 

¿Sufriste ayer por tu hermano? 

¡Troca en gozo ese dolor! 
¿No viste que de la mano 
le llevaste hasta el Señor? 

¿No viste como el sufrir de 
tu alma enamorada 
fue comienzo del vivir 
de aquella otra abandonada? 

Tú te llegaste a aquel lecho, 
templo vivo del dolor, 
Tú encendiste en aquel pecho 
la lampara del amor. 

Ya ha florecido tu huerto, 
ya has recogido una flor; 
pronto llegarás al puerto 
donde la vida es amor. 

Bendito sea el dolor 
el sufrir hasta morir, 
porque el morir por amor 
es comenzar a vivir.                                                                                             
Diciembre 1.944 

Comentario a esta poesía:

Tierna exhortación a una hija espiritual que entra en el mundo del sufrimiento, en ese mundo en el que hay que aceptar el sufrimiento para poderlo sobrellevar.

Son dos claras ideas las que delinea en toda la poesía, anteponiendo el amor al dolor, trocando el sufrimiento en camino hacia el Señor. 

Utiliza expresiones muy bonitas, le dice: que en el alma abandonada del enfermo encendió la lámpara del amor, y así sigue desarrollando los versos hasta llegar a decir sufrir hasta morir por amor es llegar a vivir.

Y el testimonio de las que estamos representadas en esta Hermana es que nuestras vidas, en constante contacto con tantos lechos templos vivos del dolor, han sido muy gozosas vividas así, gracias a la Madre Luisa.

¡Señor, que vea! fue el grito 
del ciego de Jericó. 
¡Señor, que vea! repito 
traspasada de dolor. 

La culpa manchó mi alma 
y ciega va por la vida, 
sin hallar dicha ni calma 
en tormentos consumida. 

Yo supe de mi destino 
yo supe de tu querer; 
yo empecé a andar mi camino 
y en él hallaba placer. 

Mas un día…¡olvidé todo! 
algo en mi alma cayó. 
Fue un salpicón de aquel lodo 
del que tanto siempre huyó. 

Hoy renace la esperanza 
en mi pobre corazón 
que se humilla a ver si alcanza 
de Ti, Jesús, el perdón. 

¡Misericordia de mí! 
hoy Señor, te pido yo 
como aquel día te pidió 
Jesús, Hijo de David, 
el ciego de Jericó. 

Comentario a esta poesía:
 
La Madre Luisa nos dice en su escrito sobre el Origen de la Obra, cómo en una ocasión, a los principios de su andadura, atendiendo a los enfermos, dejó de visitarlos. Ella, como el profeta Jonás, sentía el peso de la misión, y huyó. 

El Señor mediante una visión, dolorosa para ella, la volvió a sí. La Madre siempre lloró este pequeño alejamiento, cuando en sus escritos habla del pecado que cometió, es siempre por esto ¡¡Su gran pecado!!

Pide al Señor la Madre Luisa ¡¡Señor qué vea!! Porque ha llegado a comprender que en los designios de Dios, es tan importante la misión encomendada a cada uno, que el no corresponder a ella repercute sobre los demás.

¡Sufrir, sufrir y sufrir!
Es el hálito de mi vida.
¿Qué otra gracia ha de existir
que me sea más querida?

Cuando llega el sufrimiento
con no mucha intensidad,
me invade un sentimiento
de intensa felicidad.

Lo acojo con alegría,
lo ofrezco a mi Señor
y me sumo en la Agonía
del Divino Redentor.

Mas cuando el dolor persiste
sin pena ni compasión
y se pone mi alma triste
lo encuentro una sinrazón.

Si mi emblema es sufrimiento
(sin él no puedo vivir)
¿Por qué cuándo va en aumento
pienso que voy a morir?
Tú sabes que no te miento,
¡quiero sufrir de verdad!

Pero es que llega un momento
en que siento debilidad.
Y es que me faltan las fuerzas
en el instante vital.

Dame Tú la fortaleza
y sufriré hasta el final.

Nerva 2015

Poesía compuesta por la Madre Luisa en 2015, dos años antes de su muerte. Sigue la misma línea de las poesías compuestas entre 1944-47. Estaba la Madre muy enferma cuando la compuso, y se puede decir que en este momento, el sufrimiento había alcanzado el punto álgido en su vida, estaba completamente crucificada. Si comía era un sufrimiento porque se atoraba, si dormía, no podía por las piernas inquietas y su artritis reumatoide, ciega completamente, con todos los problemas de la casa, que seguían recayendo sobre ella, y un largo etc. Sí, le faltaban las fuerzas pero no la voluntad de seguir hasta el final con la misión que el Señor le encomendó.

MIS SUFRIMIENTOS

¿Y dicen que no sufro? 
Si yo pudiera enseñar 
mi corazón destrozado 
pasmos habría de causar. 
¡Sufro, sufro yo terriblemente! 
pero es cuestión de opinión. 

Yo entiendo que el sufrimiento 
solo allá en el corazón 
tranquilo y abandonado 
de los demás, ha de estar; 
y a nadie, a nadie en el mundo 
se le debe demostrar. 

Y así el sufrimiento sube 
en alas de nuestra fe, 
pero el del que lo demuestra 
queda ante aquel que lo ve. 

Por eso mis sufrimientos 
sólo para mí serán. 
¿Que dicen que yo no sufro? 
¡Algún día lo verán! 
 
1947 

Sus padres:  Luis y Julia 


Era Luis el padre de la Madre Luisa de profesión practicante (enfermero). Poseía un talento y una memoria excepcionales. Su hija menor (Luisa) y algunos miembros más de la familia, heredaron de él estas cualidades. Aunque tenía un carácter muy fuerte, siempre fue un marido ejemplar y un padre muy bueno y cariñoso.
Julia era de carácter muy manso y muy sufrida. En plena juventud tuvo dolor de clavo (dolor muy intenso, por glaucoma) y le tuvieron que enuclear un ojo. Por el otro ojo que le quedó, tampoco veía. De esta manera tuvo seis hijos y hacía todas las cosas de la casa. Murió de cáncer de colón, con tal resignación que el cura dijo en su entierro que estaba seguro de que enterraba a una santa; también decía, en los últimos momentos, cuando la confesaba, que no encontraba materia de confesión. Y eso que en aquellos tiempos el cáncer no se trataba como ahora y los pacientes sufrían mucho.
Contaban sus hijas que, por las tardes, ellas se ponían a coser y Luis leía a Julia en voz alta novelas imitando la voz de los personajes de una manera muy peculiar y simpática y Julia disfrutaba de estos momentos compartiendo los sentimientos de los personajes. En aquellos tiempos llegó el cine sonoro a Nerva y todo el mundo se volcó. Julia le decía a Luis que fuera él también al cine, pero él le contestaba: “Tú no puedes verlo, yo no quiero conocerlo”.
Siempre han sido Luis y Julia unas personas muy queridas por todas las Hermanas de la Comunidad, que los consideran los abuelos de la Obra.

A MI MADRE (I)


Con mis versos yo he cantado
mis amores al Señor,
con mis versos yo he gozado
cantándolos a una flor.

Yo he cantado a la niñez,
he cantado a la belleza,
y también, más de una vez,
canté a la naturaleza.

Canté al padre que perdí
con mis canciones mejores.
Canté siempre que escribí
porque siempre escribí amores.

Y con tanto haber cantado
y haber cantado yo tanto
que con mi canto he llorado
y el canto enjugó mi llanto
nunca me atreví a llegar
a tus plantas madre mia,
jamás me atreví a encerrar
tu amor en mi poesía.

Mas ahora que veo tu vivir
alegrarse con mi canto
cantando voy a decir
cuanto te quiero, ¡ay cuanto!

Madre, mamá madrecita
madre que me diste el ser
madre del alma bendita
¡Bendita seas, mujer!

Desde mi infancia te miro
mamaita siempre triste
siempre en tu boca un suspiro
que no siempre recogiste.

Sufriste mucho, mamá
y ahora sigues sufriendo.
Mas no te apures, que está
en tanto el Señor tejiendo,
que se hace a mi fe visible,
una corona fulgente
de rosas inmarcesibles
que adorne tu blanca frente.

Mamá, ¡qué gloria la tuya!,
tu sufrir terminará.
Regocíjate, ¡aleluya!
tu cielo abierto está ya.

Mas todavía, Señor
déjala mucho a mi lado
déjame gozar su amor
el más grande que me has dado.

Y luego junto a los dos
un rincón resérvame.
Sí, con mis padres, oh Dios
en tus brazos llévame.

Noviembre 1.945


Esta poesía la compuso la Madre Luisa cuando su madre estaba muy enferma, con unos dolores terribles. Ella nos contaba que se acostaba con ella y le decía la poesía y su madre le contestaba “Hija qué cosas me dices”.
Ante esta enferma, que con los grandes dolores del cáncer solo emitía una pequeña queja, su hija derrochó toda la ternura y cariño que Dios le inspiró. Y de esta manera la preparaba y consolaba en sus últimos momentos.

A MI MADRE (II)

Escucha, mamá, un momento
yo sí tengo mucha pena.
Mas como tu sufrimiento
es debido a que eres buena,
esto es para mí un consuelo,
esto alivia mi sufrir,
que hay que arrebatar el cielo
muriendo para vivir.

Fíjate si no, mamá
en Jesús el Nazareno.
Su cuerpo llagado va
y es el cuerpo del Dios bueno.
Su cabeza, coronada
de espinas, mira sangrar;
y aquella Cruz tan pesada,
que ya no puede llevar,
sus benditos hombros hiere,
renovando con su peso
las heridas que le hiciere
aquel traidor con su beso.

Contempla mamá un instante
la imagen del Rey Divino.
Contempla y escucha amante
como te dice:”El camino
para llegar a la Vida
es camino de dolores.

Mas para curar tu herida
tengo bálsamo de amores.
Hoy te pido sufrimientos,
amarguras, desconsuelos.
Mas la vida es un momento
y a cambio te ofrezco un cielo”.

Por eso, mamá, mi pena
aunque es grande, nunca es tanta
porque sé que eres muy buena
más que buena: ¡que eres santa!

Diciembre 1.945

Esta segunda poesía a su madre moribunda sigue la misma línea de la primera es una catequesis para fortalecerla y animarla en los últimos momentos de su vida.

A MI MADRE (III)

Aquella triste mirada
tengo en el alma clavada
como un dardo de dolor.

Y aquella voz que al llamarme
también cual dardo al clavarse
grabó con fuego tu amor.

¡Oh, qué terrible momento
al que vuela el pensamiento
en constante obstinación...!

Aquella faz afligida,
aquel irse aquella vida
aún me arranca el corazón.

Que aunque intento desechar
sólo acierto a recordar
más y más a cada instante.

Pues mi salud quebrantada
saca fuerzas de su nada
para este amargor constante.

¡Madre, madrecita mía!
Tu mirada ¿qué decía
cuando a mi alma llegó?

¿Y qué decirme quisiste
cuando en mi nombre pusiste
valor que nunca valió?

¡Oh, Dios mío cuanta pena!
Mi madrecita tan buena
¿Por qué no podría hablar?
Y así saber yo podría
el sentir de su agonía
que no me acierto a explicar.

¡Santa mía de mi alma!
¿Por qué del cielo no calma
tu amor, mi intenso dolor?.

A veces creo morir
ante la idea de vivir
sin ti, mi mayor amor.

Mas no, no quiero consuelo
mientras esté acá en el suelo
habré de llorar por ti.

Y que al llegar a la Vida
madrecita mía querida
salgas tú misma a por mí.

Septiembre 1945

Esta tercera poesía la compuso la Madre Luisa después de muerta su madre, porque justo antes de morir Julia quiso decir algo a su hija, pero no pudo. Es el dolor hecho poesía, aceptado, pero no por eso menos sentido. 

Jesús, Niño de mi alma.
¡Cómo recuerdo yo aquello!
Una madrugada en calma
te vi en tu cuna ¡más bello!

Yo me acerqué temblorosa
y te besé con mis labios
que hubiera querido rosas
en cáliz de desagravios.

Te besé y en tu belleza
que es reverbero de amor
yo vi un tinte de tristeza,
yo vi un gesto de dolor.

Gesto que en mi alma se unió
con una sombra de muerte
que mi vida desgarró.

Y loca, llegué a ofrecerte
a cambio la vida mía
por su eterna salvación,
si más vivir no podía.

¡Sangraba mi corazón!
Pero quedé resignada
y el “fiat” a tu voluntad
lo contesté enajenada
de pena y felicidad.

Unos instante ¡ un vuelo!
¡Ya mi alegría acabó!
Sé que su alma fue al cielo.
Pero... mi padre murió.

1945