Biografía de la Madre Luisa Sosa Fontenla

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Luisa Sosa Fontenla



"A la fe por la caridad".



"Con las ancianas caridad tierna y compasiva. Dulzura inalterable."



 “Nazareno de mi alma,
Vida de la vida mía,
sólo encuentro paz y calma
si estás a la vera mía”. 




¨Las ancianas son nuestras señoras, y nosotras, sus siervas"



"De una misma, no hablar nunca. De los demás, o hablar bien, o no hablar"



 "No se mueve la hoja del árbol sin la voluntad de Dios”. 





Un secreto...

"Hace tiempo que nos viene diciendo nuestra Madre, que nuestra vida la debemos vivir en unión con Jesús Nazareno, que no debemos olvidar nunca lo que significa para nosotras el Nazareno. Que tenemos en Él la imagen a seguir y debemos amarlo con todas nuestras fuerzas, por encima de todo y de todos, que tenemos que hacerle ver nuestro amor con obras, oraciones y ofrecernos a llevar con Él la Cruz.

Pues hoy estábamos a solas con ella la H. Inmaculada y yo (H. Pilar) y nos dijo que lo que iba a decirnos era un secreto y que no lo dijéramos a nadie, estas fueron sus palabras: "Quiero contaros un secreto que no debéis contar a nadie. No es que se me haya presentado en alguna visión (se refería al Nazareno), nada de eso, es que a veces al estar en oración, no sé cómo, me parece ver ciertas cosas y eso es lo que quiero contaros. Me parecía ver al Nazareno como semidesnudo, la túnica faltándole pedazos, los pelos alborotados, la impresión era como si estuviera disgustado.
Esta imagen es la que me ha llevado, este tiempo atrás, a deciros que pensarais más en Jesús Nazareno, que lo acompañarais de una forma especial. Gracias a que Él se conforma con poco, al verlo otra vez, ya me ha parecido que estaba como antes, y pienso que es debido a que habéis seguido mi consejo. No lo olvidéis, pero no digáis nada de lo que he contado".

Ahora comprendo por qué este año cuando nos mandó el P. Juan los guiones para la Cuaresma, en el primer tema venía retratado un Nazareno y nos dijo la Madre:
“Es como una señal que nos manda el Señor”. 

Este hecho que se relata tuvo lugar el 19 de marzo de 2009, Solemnidad de San José.

Escritos

"Origen de la Obra de Jesús Nazareno de Nerva", escrito por la Madre Luisa en 1982 (en la foto aparece con Mons. Cantero Cuadrado a la izq. y Mons. García Lahiguera a la derecha).

Accede a sus escritos pinchando aquí

Escrito de la Madre Luisa a Mons. D. Pedro Cantero Cuadrado, Obispo de Huelva, 8 de diciembre de 1954.

Pincha en este enlace para ver el documento

Poesías de la Hermana Esperanza Mora (+) dedicadas a la Madre, describiendo su semblante.

"A mi graciosa Madre,
que sonríe con la gracia de la brisa,
habla con la gracia de las olas
y es serena como la gracia de un cielo azul".

Accede aquí a las poesías completas.

Datos biográficos de la Madre, escritos por sus Hermanas de Comunidad.  


Pincha en este enlace para acceder.

Sus poesías

Sus últimos momentos

Padre José Ignacio Izquierdo Ramones 

Nunca podremos dar a Dios, Padre Providente, las gracias suficientes por haber puesto en nuestro camino a este buen Sacerdote, en los últimos años de vida de nuestra querida Madre. 
Reconocer el valor de las personas cuando son fuertes, jóvenes, cuando todo va bien, es bastante fácil para las personas normales. Pero cuando una persona está humillada por la edad, por la enfermedad o por otras cosas, traspasar todas esas envolturas hasta descubrir el interior de su alma y llegar a entender su verdadero valor, eso es lo verdaderamente extraordinario. Es el caso de los que permanecieron fieles al Señor cuando, con aspecto débil, estaba crucificado, y supieron reconocer su Divinidad. 
Y es también el caso del Padre José Ignacio que, al conocer a la Madre, se encontró con una persona mayor, muy enferma, de aspecto muy débil y, sin embargo, captó que era una persona extraordinaria. La atendió con cariño y ternura de padre, ofreciéndole y administrándole los sacramentos que necesitaba. Ahí estaba siempre, en todo momento se contaba con él. No podía el Señor, en los momentos finales de la Madre, dejarla en manos de cualquiera, tenía que ser alguien especial como él. 
Desde aquí hacemos llegar nuestra gratitud y nuestro cariño a D. José Ignacio, porque fue uno de los mayores apoyos y consuelos para la Madre Luisa y para nosotras. 

Dra. Carmen Delgado Jiménez


Decir la cantidad de veces que nos ha socorrido esta buena Dra., sería imposible. Ya cuando estaba en el Hospital de Riotinto ejerció con nosotras de “hada madrina”. Atendió a las ancianas, a las niñas y a la Comunidad. Especialmente contamos el caso de una Hermana, que tuvo una caída, y se hizo un colgajo cerca del ojo de considerable tamaño y profundidad. Llegamos al hospital, con la Hermana herida, aparece la Dra. Delgado –que no estaba de guardia– y, al ver nuestra tribulación, se dirige a la Madre Luisa y le dice que ella se hace cargo. A partir de ahí surge una gran amistad por ambas partes, han sido cantidad los años que la hemos tenido protegiéndonos.

Llegó a conocer la naturaleza humana de la Madre, y  nos marcaba las pautas para atenderla como enferma, pero con esos cuidados que prodigan los buenos médicos, que están más allá de la medicina. Por ejemplo, siempre nos decía que no la obligáramos a comer, que le pusiéramos un Walke-Talke por las noches cuando estaba muy enferma, y muchos detalles más que supusieron un gran alivio para la Madre y para nosotras.

Durante todos estos años, se ha desplazado incansablemente para compartir con nosotras, y así poder atender a la Madre más de cerca, vacaciones de verano, Semanas Santas e innumerables fines de semana, causando grande sorpresa a muchas personas amigas, que nos decían qué como una persona tan encumbrada como ella podía compartir este tipo de vida. Cuántas veces, tras duras jornadas de trabajo en el Hospital, se ha venido con nosotras directamente desde Sevilla, llegando a almorzar a las cinco de la tarde, incluso una vez a las siete de la tarde.

Si la medida del cariño se valora por el espíritu de sacrificio, mucho nos hemos sentido queridas y protegidas por esta buena Doctora.

La Madre siempre la quiso con predilección, la quería como a una hija y se sentía muy orgullosa de ella. La Madre era la única que le sacaba información sobre su trayectoria profesional, información que ella siempre oculta por modestia y humildad. Esta gran Doctora puede tener la satisfacción de haber formado parte de las pocas cosas buenas que tuvo la Madre en su vida. Las imágenes últimas más bonitas de la Madre, que se conservan, son compartiendo ratos de gran intimidad con Doña Carmen Delgado. 

Querida Doctora: nunca te agradeceremos suficientemente todos los momentos de felicidad que le diste a nuestra Madre.

Dra. Fátima Pérez Martín

(Médico de cuidados paliativos del Hospital de Riotinto)

No podía dejar el Señor los últimos momentos de la Madre en manos de cualquiera, tenía que ser una persona muy especial, y esta fue Fátima. No era paciente suya, pero no importaba, el Señor le puso en el corazón el deseo de atender a la Madre en el momento de su muerte.
Nada más recibir el aviso de que la Madre estaba muy mal, se puso en camino, llegó en el momento preciso y asumió las tareas de médico y madre. Yo fui testigo de con que amorosa solicitud y dulzura se hizo cargo, silenciosamente, pero eficazmente, de todos los detalles, para ponerla cómoda. Y ya no la dejó hasta que murió.
El Padre Providentísimo nos puso en esos momentos a la persona adecuada, para que nosotras siempre tuviéramos la tranquilidad de que tuvo lo mejor.
Gracias, querida Fátima, siempre tendrás un sitio muy especial en esta Casa y en nuestros corazones porque tenemos la seguridad de que la Madre tuvo lo mejor en las mejores manos.