Biografía de la Madre Luisa Sosa Fontenla

En este vídeo descubriremos los datos más importantes de la biografía de la Madre Luisa.
 
Esta biografía está declamada por la rapsoda Carmen Feito Maeso.
Pidamos al "dueño de la mies" que llame a chicas jóvenes para este camino de entrega gozosa a los más necesitados. 

"A la fe por la caridad".



"Con las ancianas caridad tierna y compasiva. Dulzura inalterable."

 “Nazareno de mi alma,
Vida de la vida mía,
sólo encuentro paz y calma
si estás a la vera mía”. 


¨Las ancianas son nuestras señoras, y nosotras, sus siervas"


"De una misma, no hablar nunca. De los demás, o hablar bien, o no hablar"



 "No se mueve la hoja del árbol sin la voluntad de Dios”. 

La Madre Luisa Sosa Fontenla en Radio María, por el P. Javier Mairata.

Conoceremos a la Madre Luisa Sosa, fundadora de la Obra de Jesús Nazareno en Nerva (Huelva), fallecida el 25/11/2017. Su itinerario vital marcado por la pobreza, el sufrimiento y el amor a los pobres y a las ancianas, es un testimonio luminoso de como Dios hace su obra a través de la fragilidad.

"Origen de la Obra de Jesús Nazareno de Nerva", escrito por la Madre Luisa en 1982 (en la foto aparece con Mons. Cantero Cuadrado a la izq. y Mons. García Lahiguera a la derecha).

Accede a sus escritos pinchando aquí

Escrito de la Madre Luisa a Mons. D. Pedro Cantero Cuadrado, Obispo de Huelva, 8 de diciembre de 1954.

Pincha en este enlace para ver este escrito

Poesías de la Hermana Esperanza Mora (+) dedicadas a la Madre, describiendo su semblante.

"A mi graciosa Madre,
que sonríe con la gracia de la brisa,
habla con la gracia de las olas
y es serena como la gracia de un cielo azul".

Accede aquí a las poesías completas.

Datos biográficos de la Madre, escritos por sus Hermanas de Comunidad.  


Pincha en este enlace para acceder.

Sus últimos momentos

Padre José Ignacio Izquierdo Ramones 

Nunca podremos dar a Dios, Padre Providente, las gracias suficientes por haber puesto en nuestro camino a este buen Sacerdote, en los últimos años de vida de nuestra querida Madre. 
Reconocer el valor de las personas cuando son fuertes, jóvenes, cuando todo va bien, es bastante fácil para las personas normales. Pero cuando una persona está humillada por la edad, por la enfermedad o por otras cosas, traspasar todas esas envolturas hasta descubrir el interior de su alma y llegar a entender su verdadero valor, eso es lo verdaderamente extraordinario. Es el caso de los que permanecieron fieles al Señor cuando, con aspecto débil, estaba crucificado, y supieron reconocer su Divinidad. 
Y es también el caso del Padre José Ignacio que, al conocer a la Madre, se encontró con una persona mayor, muy enferma, de aspecto muy débil y, sin embargo, captó que era una persona extraordinaria. La atendió con cariño y ternura de padre, ofreciéndole y administrándole los sacramentos que necesitaba. Ahí estaba siempre, en todo momento se contaba con él. No podía el Señor, en los momentos finales de la Madre, dejarla en manos de cualquiera, tenía que ser alguien especial como él. 
Desde aquí hacemos llegar nuestra gratitud y nuestro cariño a D. José Ignacio, porque fue uno de los mayores apoyos y consuelos para la Madre Luisa y para nosotras. 

Dra. Carmen Delgado Jiménez


Decir la cantidad de veces que nos ha socorrido esta buena Dra., sería imposible. Ya cuando estaba en el Hospital de Riotinto ejerció con nosotras de “hada madrina”. Atendió a las ancianas, a las niñas y a la Comunidad. Especialmente contamos el caso de una Hermana, que tuvo una caída, y se hizo un colgajo cerca del ojo de considerable tamaño y profundidad. Llegamos al hospital, con la Hermana herida, aparece la Dra. Delgado –que no estaba de guardia– y, al ver nuestra tribulación, se dirige a la Madre Luisa y le dice que ella se hace cargo. A partir de ahí surge una gran amistad por ambas partes, han sido cantidad los años que la hemos tenido protegiéndonos.

Llegó a conocer la naturaleza humana de la Madre, y  nos marcaba las pautas para atenderla como enferma, pero con esos cuidados que prodigan los buenos médicos, que están más allá de la medicina. Por ejemplo, siempre nos decía que no la obligáramos a comer, que le pusiéramos un Walke-Talke por las noches cuando estaba muy enferma, y muchos detalles más que supusieron un gran alivio para la Madre y para nosotras.

Durante todos estos años, se ha desplazado incansablemente para compartir con nosotras, y así poder atender a la Madre más de cerca, vacaciones de verano, Semanas Santas e innumerables fines de semana, causando grande sorpresa a muchas personas amigas, que nos decían qué como una persona tan encumbrada como ella podía compartir este tipo de vida. Cuántas veces, tras duras jornadas de trabajo en el Hospital, se ha venido con nosotras directamente desde Sevilla, llegando a almorzar a las cinco de la tarde, incluso una vez a las siete de la tarde.

Si la medida del cariño se valora por el espíritu de sacrificio, mucho nos hemos sentido queridas y protegidas por esta buena Doctora.

La Madre siempre la quiso con predilección, la quería como a una hija y se sentía muy orgullosa de ella. La Madre era la única que le sacaba información sobre su trayectoria profesional, información que ella siempre oculta por modestia y humildad. Esta gran Doctora puede tener la satisfacción de haber formado parte de las pocas cosas buenas que tuvo la Madre en su vida. Las imágenes últimas más bonitas de la Madre, que se conservan, son compartiendo ratos de gran intimidad con Doña Carmen Delgado. 

Querida Doctora: nunca te agradeceremos suficientemente todos los momentos de felicidad que le diste a nuestra Madre.

Dra. Fátima Pérez Martín

(Médico de cuidados paliativos del Hospital de Riotinto)

No podía dejar el Señor los últimos momentos de la Madre en manos de cualquiera, tenía que ser una persona muy especial, y esta fue Fátima. No era paciente suya, pero no importaba, el Señor le puso en el corazón el deseo de atender a la Madre en el momento de su muerte.
Nada más recibir el aviso de que la Madre estaba muy mal, se puso en camino, llegó en el momento preciso y asumió las tareas de médico y madre. Yo fui testigo de con que amorosa solicitud y dulzura se hizo cargo, silenciosamente, pero eficazmente, de todos los detalles, para ponerla cómoda. Y ya no la dejó hasta que murió.
El Padre Providentísimo nos puso en esos momentos a la persona adecuada, para que nosotras siempre tuviéramos la tranquilidad de que tuvo lo mejor.
Gracias, querida Fátima, siempre tendrás un sitio muy especial en esta Casa y en nuestros corazones porque tenemos la seguridad de que la Madre tuvo lo mejor en las mejores manos.